Ser padres es una tarea que lleva toda la vida y exige que ocupemos la mayor parte de nuestras energías. Es un esfuerzo que implica valentía y coraje por su significado. 

Ser padre no es para cobardes. Supone una tremenda carga emotiva y una cuota de ansiedad constante. Los hijos nos obligan a entregar lo mejor de nosotros mismos y hacen que afloren nuestros miedos más ocultos. Ellos nos convierten en personas distintas. Modifican nuestras perspectivas. Un hijo nos cambia la vida. 

La desventaja 
La gran desventaja –sin embargo– es que los hijos vienen cuando estamos en pleno crecimiento y aprendizaje. 
En realidad, crecemos con ellos. Muchos padres, ya adultos y maduros, se plantean: “Ojalá hubiese tenido hijos sabiendo todo lo que hoy sé; probablemente hubiese cometido menos errores y mis hijos verterían menos lágrimas”. Pero –querámoslo o no–, así es la vida: para tener hijos hay que ser joven, a fin de disponer de la energía necesaria para seguirlos en su crecimiento. 
También es deseable que seamos lo suficientemente sabios, independiente de nuestra edad joven, como para entender los procesos que ellos viven; sin embargo, ese es un camino en el que nosotros vamos creciendo junto con nuestros hijos. 

La importancia de los límites 
Jaime Barylko, el filósofo y educador judío-argentino, en su libro "Los hijos y los límites", explicando las razones por las cuales han ocurrido tantos desajustes en las familias contemporáneas sostiene: 
 "Les tuvimos miedo a los hijos, a las huellas que el NO podría dejarles; espanto a equivocarnos, a marcarlos. Nos equivocamos y los marcamos, fundamentalmente con el vacío, con la ausencia, con otro NO, que es la privación de límites, tradiciones, costumbres, maneras, modos". 
Ser padres implica poner muros que dejen dentro del hogar los valores y principios que puedan configurar hijos con un enfoque positivo y contructivo. Y a la vez, dejar fuera aquello que podría desviar a los hijos de la brújula de ideales que contribuyan a su vida plena. En otras palabras, límites sin autoritarismo. 

El respeto, el factor ausente 
En otro artículo titulado "Amor y respeto", Barylko señala de manera incisiva: "siento que el agujero mayor por el que nos desangramos no está en el corazón sino en el respeto. El respeto ya no está de moda, suena a tiempos perdidos y sociedades obsoletas. Y sin embargo, hay que declararlo, hace falta. ¿Qué es respeto? 
La Conciencia de la presencia del otro en calidad de sí mismo. El otro existe, sí. Nos enseñaron a ser uno-mismo. La idea nos entusiasmó tanto que nos olvidamos del otro". La sociedad contemporánea ha estado tensionada entre dos extremos, la permisividad por miedo a los efectos del autoritarismo, y la mano dura dictatorial por miedo a la paternidad sin límites. 
La antigua ley del péndulo. De allí la necesidad de fomentar el respeto. Cuidar los viejos linderos que han servido de protección para el crecimiento y elaborar criterios de enseñanza que no suponga el anulamiento del individuo ni el socavar la libertad y la creatividad del infante que crece. En otras palabras, el viejo ideal de Aristóteles, la búsqueda de equilibrio.

El traspaso de la antorcha 
Lo ideal es que nosotros hayamos crecido lo suficiente con nuestros propios padres y que ellos nos hayan traspasado un cúmulo de sabiduría que, a la vez, nosotros podamos transferir a nuestros hijos. 
Lo real de toda esta historia es que, en muchas ocasiones, los padres no tienen modelos adecuados para mostrar a sus hijos y tienen que inventarse como padres, a medida que crecen y que van apareciendo las circunstancias en las que se hace necesario su actuar paterno. De un modo u otro, nos vamos convirtiendo en padres a medida que nuestros hijos van creciendo. La gran ironía es que cuando ya sabemos lo suficiente... es hora de que ellos partan. 

El aprendizaje de ser hijos 
A los hijos les lleva toda la vida entender que sus padres –en la mayoría de los casos– han hecho su mejor esfuerzo; pero eso no ha alcanzado... y lo sabrán con total certeza cuando ellos tengan que invertir los roles y, de hijos, se conviertan en padres, y vuelva a repetirse el ciclo en el que los hijos de los hijos pronto sostengan que sus padres están obsoletos y son incapaces de entenderlos. 

Conclusión 
Ser padres es una tarea de tiempo completo que exige sobre todo coherencia y valentía. No se puede ser padre sin dar el ejemplo y es necesario dejar a un lado los miedos para decirle a los hijos qué caminos transitar y de cuáles han de abstenerse. 

Autor: Miguel Angel Nuñez