El otro día escuché a alguien decir “a mí me tocó bailar la con la fea”, más allá del dicho sumamente conocido, de pronto me asaltaron algunas inquietudes y eso produjo esta reflexión.

“Bailar con la fea” supone de principio a fin un insulto. En este caso, de carácter sexista (el dicho no dice “bailar con el feo”)… debe ser porque a los varones nos crían con complejo de Adonis… no sé.

Sin embargo, hay otras connotaciones. Para empezar, la cualidad “feo/a” es ambigua y subjetiva. Un amigo que reside en Europa, me contaba que a pocos días de llegar a vivir a Alemania fue piropeado por un par de mujeres en la calle, como no dominaba bien el idioma le preguntó a su novia alemana de qué se reían y ella le dijo sonriendo: “te han dicho negro lindo”. Mi amigo, moreno, chileno como los porotos, nunca había recibido un piropo de ese tipo, demás está contar que se sintió superlativamente alagado… como si al Mickey Rourke de hoy lo invitaran a ser parte de beatifulpeople.com. Sin embargo, uno de mis alumnos de posgrado, residente en Trinidad y Tobago, rubio, alto y de ojos azules, me contaba un día apesadumbrado que estaba buscando irse a otro país por la discriminación que existía hacia él y sus hijos, por ser blancos, color que en ese país es señal de fealdad. ¿Quién lo entiende?

Cuando visité Nueva Zelanda, pude conocer a los Maorís, etnia originaria de esas tierras, donde la belleza está asociada a la obesidad, en general son gente alta, de piel oscura, pero cultivan el “arte” de engordar con elegancia, nunca vi a tantos gordos y gordas orgullosos de serlo. Una amiga residente me decía que conocía a muchas chicas acomplejadas por ser delgadas. Sin embargo, cuando viví en Argentina vi el otro lado de la moneda, el culto a la delgadez extrema, donde se cultiva el estilo anoréxico, no es anormal allí que la fealdad se asocie a la obesidad, aún cuando es un país con una gran cantidad de jóvenes y adultos con sobrepeso. ¿Es lógico?

Por lo tanto, hablar de estética corporal, es no sólo injusto, sino ambiguo, subjetivo y ligado a valores culturales que nada tienen que ver con el valor real de ser persona.

Sin embargo, hay otro giro posible a “Bailar con la fea”, y no necesariamente se refiere a cuestiones estéticas sino sociales.

Cuando una persona tiene que interactuar con interlocutores que no son agradables o que de un modo representan ideas, ideologías o conductas que no son aceptables para ese individuo también se utiliza la misma expresión.

Supongo que en estos días en Chile, de un bando u otro, deben estar pensando que les tocó bailar con la fea. En muchos casos es inevitable, porque a veces no se puede elegir al interlocutor. El otro día me tocó una funcionaria de un banco, de buena apariencia, pero con un trato fuera de lugar, así que sentí que bailaba con la fea… aunque era linda.

En muchos casos, no se avanza en el diálogo, simplemente porque las partes no buscan acuerdos ni acercamientos, en ese caso, ambos bandos “bailan con la fea”, pero por decisión personal, porque no están dispuestos a ceder, se muestran intransigentes, obtusos, pedantes, altaneros, sabios en su propia opinión, porfiados… (Siga usted con el calificativo que le guste más).

Bailar con la fea, cuando se usa como descriptivo estético, me parece señal de inmadurez emocional, poca visión humana y un sentido de lógica digno de la mascota de la casa. Sin embargo, cuando se la usa en la connotación social, tiene aristas más sutiles, de situaciones que no se pueden evitar. Generar el diálogo en algunas ocasiones es difícil, especialmente porque la otra parte simplemente no quiere reconocer que es tan “feo” como quien descalifica.