Hubo un tiempo cuando prados, huertas y arroyos, la tierra y los paisajes todos me parecían vestidos con gloria celestial. La gloria y la frescura de un sueño no me parece ahora lo mismo que antaño.
Oda, Wiliiam Wordsworth

Ambiente: Fuente de poder de la comunidad

Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos-(Sal. 19: 1).
De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan. (Sal 24:1).
¡Sería muy difícil decirles a los magnates de la industria que toda la tierra pertenece a Dios!. ¡La OPEP, ciertamente, no piensa así, y las grandes compañías petroleras no están dispuestas a entregar la propiedad de lodo el petróleo ni a Dios ni a nadie más!
Las corporaciones de investigaciones biológicas han experimentado con el genoma humano ¡en un intento de patentar aunque sea un pedacito de DNA como si poseyeran el mismo anteproyecto de la vida!
Quienes creen en la teoría de la evolución atribuyen la existencia del universo a la casualidad, al planeta Tierra una simple condensación
de material fundido, y a la vida una espontánea y azarosa colisión de carbono, hidrógeno y oxígeno. La biodiversidad se considera como un torpe —y sin embargo necesario— relleno del vacío del nicho ecológico, la exploración de otros planetas revela escenarios estériles, vacíos y sin vida. ¡Obviamente, la casualidad no sonrió tan productivamente en otros lugares! Y con avaro sentido de propiedad, muchos de nosotros violamos el planeta Tierra sin ninguna consideración por su bienestar y productividad. El consumismo irracional y la egoísta gratificación pro­pia han dejado en el ambiente las indelebles huellas de la avaricia.
La Biblia pinta el cuadro de un Creador amante que dedicó cinco días de preparación modelando el ambiente perfecto para nosotros: sus cria­turas especiales. Al diseñar el lídén. Dios proveyó protección y bienestar a Adán y Eva. Los colocó en un exquisito jardín y les confió el cuidado y protección de sus criaturas terrenales. Después, aunque el Creador había suplido toda necesidad de nuestros primeros padres, aunque había cum­plido todo deseo de sus corazones, y aunque él mismo los visitaba cada tarde, el deseo de tener más se deslizó en los pensamientos de Eva. Cuan­do la serpiente le dijo que al probar el fruto prohibido llegaría a ser co­mo Dios, ella no ofreció resistencia. Tenía •casi- todo, ¿por qué no tener eso también?
Desde entonces, la raza humana ha deseado siempre más. Insaciable en su deseo, incluso demasiado no es suficiente.
Maldito por causa del pecado, el ambiente se volvió hostil. Las espi­nas crecieron en las enredaderas, en los rosales y en las acacias, las zar­zas se mezclaban ahora con las flores, y los músculos de Adán queda­ban doloridos por el ejercicio físico. El sudor le brotaba de la frente, la tierra, la hermosa tierra que una vez nutría y resultaba una bendi­ción, ahora era vista como una carga que había que explotar para ex­traer de ella los recursos.
Cambios en las masas terrestres, cursos de aguas alterados y polu­ción han ido dejando su marca sobre la tierra. Pero en el curso entero de la historia humana, el planeta Tierra nunca ha estado prácticamente bajo estado de sitio como ocurre hoy. la revolución industrial, aunque elevó el estándar de vida de muchos, lo hizo a un precio que nunca po­drá ser recuperado.
El libro de Génesis describe la majestad de Dios, no un Dios de he­chura humana. Su palabra transforma la energía, condensa electrones y neutrones, combina los elementos en medio de límites químicos que nos intimidan por su complejidad. Las montañas se elevan, se forman los océanos, los ríos fluyen, los árboles brotan, los pájaros vuelan, las bestias deambulan. El poder de su palabra pinta el espectro del color en las relampagueantes alas de las aves, en las brillantes aletas y escamas de los peces. Es asombroso este Dios único, nuestro Creador, cuya pa­labra es puro poder y energía.
Pero entonces, con ternura, con exquisito cuidado, vemos al gran Ora­dor convertirse en Escultor, la mezcla entre científico y artista es incomprensible para las cosas creadas, pero el Dios escultor forma un hombre del polvo de la tierra, luego, con un gentil beso del Dios amante que es, insufla en la forma humana su propio aliento, la fuerza generadora de vi­da de su ser, y el hombre se convierte en un alma (ser) viviente.
Encantado con su obra, el Dios escultor se convierte en cirujano y crea una mujer de la carne viviente recientemente creada. Cuando la pareja comparece delante de él. Dios le da la comisión de la mayordo-mía. Colocándolos en el lugar más prominente de su obra creada, les concede el placer de la exploración y planta la semilla de la curiosidad en sus cerebros. El mundo es de ellos para ser examinado, empleado, estudiado. Dios quería que llegaran a apreciarlo a él a través de las obras de su divina mano. Él sabía que si ellos buscaban, encontrarían, pues,
-Los cielos cuentan la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un dia emite palabra a otro día
y una noche a otra noche declara sabiduría.
No hay lenguaje ni palabras
ni es oída su voz.
Por toda la tierra salió su voz
y hasta el extremo del mundo sus palabras.
En ellos puso tabernáculo para el sol- (Sal. 19: 1-4).
El hombre no solo encontrará el más intrincado equilibrio en un nivel microcelular, su telescopio Hubble probará la eternidad de la creación. Pero hay quienes, sin comprender, balbucean todo tipo de teorías en un intento de explicar la forma cómo todo esto llegó a la existencia. No comprendiendo la naturaleza amante de Dios, en su ignorancia, muchos no pueden comprender el segundo libro de Dios: la naturaleza.
El Señor sabía que, dejados sin dirección, los seres humanos caerían inmediatamente en el pecado. Así que Dios, el Creador, en su acto final de creación, creó el séptimo día, quizás el más significativo acto para los seres humanos: les proporcionó un día de descanso
la Biblia dice con toda claridad que ese día es el sábado, un remanso de paz. Cuando se observa se conviene en un día de restauración un día que revive el ser, un antídoto para la contaminación del pecado. El sábado nos restaura física mental y espiritual mente;  une a las familias y proporciona un tiempo para la reflexión personal y la meditación De este modo llega a convertirse en una defensa contra las interminables exigencias de la vida
Motivados, .como podemos estar por la codicia en la lucha diaria por adquirir cada día más, necesitamos una pausa para contemplar el verdadero significado de la vida. Llenamos nuestras casas con cosas. Llenamos nuestras cocheras hasta reventar y luego rentamos una unidad de almacenaje para guardar todavía más! De alguna manera, nunca estamos satisfechos los artefactos que ayer eran modernos se vuelven ob­soletos ante la tecnología más sofisticada que. a su vez. ya está bajo la sombra de la «promesa* del mañana. Como Eva, muchos de nosotros vivimos en un paraíso virtual, pero nos encontramos vagamente insatisfechos. El día semanal de descanso nos da tiempo para detenernos Para decir ¡basta’ Para mirar una vez más la belleza que nos rodea, a la cual nos hemos acostumbrado tanto que ya no la vemos
El sábado es un día para dar gracias. Dios sabe que necesitamos hacer una pausa y tomar tiempo para interiorizar la belleza de la vida. Pero en vez de saborear este don del tiempo, muchos han tratado de codificarlo con leyes y  reglamentos. No apreciando su verdadero significado, los fariseos recargaron el sábado con, al parecer, interminables regulaciones. Si consideráramos cada sábado como un verdadero monumento de la creación, como una celebración de nuestro ambiente natural, valoraría­mos mucho más las prístinas bendiciones de la naturaleza
La creación lleva en sí misma las huellas dactilares de Dios Pero muchos de nosotros no logramos verlas porque estamos demasiado ocupados en nuestros propios asuntos.
Un día, ya a fines del invierno, me puse a observar desde la ventana de la cocina el patio trasero de mi casa. Los árboles estaban desnudos de hojas, el cielo, azul; la temperatura, muy fría. Mi esposa había llenado sus comederos, y cuatro ardillas corrían alrededor saltando sobre uno de ellos, subiendo y bajando por la cuerda que lo sostenía los cardenales prestaban destellos carmesíes al bosque silencioso. Luego, mis ojos se volvieron hacia los comederos de los pájaros, donde pequeños pinzones comían hambrientos y los carboneros se lanzaban en picada en ondulantes y rapidísimos vuelos Un reyezuelo de Carolina picoteaba el hielo que que se utilizaba como cebo mientras un carpintero de pecho rojo se aferraba de otro comedero, cabeza abajo, la escena era tan apacible co­mo hermosa, la sensación de la belleza de la creación divina me infun­dió una profunda paz El teléfono sonó. Era nuestro hijo menor, ahora ya adulto, para tomarme su experiencia del sábado Describió el sermón en detalle; era obvio que había escuchado. «El fundamento de mi fe —dijo— es el bicho de que creo en un Dios que sustenta y sostiene lodo el mundo en sus manos-De lodos los habitantes del mundo, nadie debería cuidar mas de la tierra que aquellos que creen que es obra de las manos de Dios
Cuando tenía 19 años regrese de África a Londres. FJ cielo africano siempre había sido luminoso. Me resultaba difícil vivir en londres con sus días cortos y grises A mi cerebro, privado de fotones, se le añadió otro problema: cuando me sonaba las narices, mi pañuelo blanco se volvía negro FJ aire estaba lleno de hollín Recuerdo un día en que la mezcla de niebla y humo era tal, que mis padres no podían verse el uno al otro aunque solo estaban separados por una distancia de tres metros, tuvieron que gritarse para encontrarse de nuevo. Más de cuatro mil personas murieron durante aquellos años del esmog negro. las ca­sas se calentaban con carbón, pero contaminaban la atmósfera, la mez­cla de humo y niebla hacía todo borroso y confuso, los automóviles no podían moverse con seguridad, los árboles, las plantas, las llores, las casas, todos se veían difuminados debido a la contaminación Y a menos que seamos mayordomos cuidadosos, estamos en peligro de hacer lo mismo con una gran parte de la creación. Solo una ignorancia voluntaria puede negar el aterrador impacto que nuestra voraz y egoísta avaricia le está ocasionando a nuestro planeta.
Millones y millones de toneladas de combustible fósil se consumen cada ano, y los residuos contaminan la atmósfera Alrededor de nuestras ciudades se acumula la basura como montañas y, sin embargo, seguimos adelante sin pensar por qué acumulamos cada día más cosas.
La consoladora la esperanza de un nuevo cielo y una nueva tierra, pero si no podemos aprender a cuidar de esta que tenemos ahora, ¿qué esperanza hay de que seamos mejores mayordomos en la nueva? Cierta­mente, la contaminación del pecado será entonces eliminada; pero, ¿de­bemos vivir siempre con la expectativa del mañana? Y el día de hoy, ¿que?
Sí, Dios proveyó el ambiente terrestre para nosotros, pero debe ser protegido Consideremos el ambiente que nos rodea y sus implicaciones para nuestra salud.
A través de la historia, las civilizaciones solo han florecido donde había un clima soportable, suelo fértil y agua pura los factores físicos, químicos y bióticos que nos rodean (aire, temperatura, suelo, sol. plantas. árboles y agua) determinan nuestra salud potencial e incluso, nues­tra supervivencia. En otras palabras, la humanidad necesita un ambien­te sano y saludable para vivir.
Con ese sencillo hecho en mente consideremos algunas de las con­diciones que determinarán nuestra calidad de vida en los años por venir Así como la prevención es la mejor medida para nuestra propia salud, también es la mejor póliza para el ambiente. Es mucho más fácil dañar el ambiente que repararlo. No es fácil restaurar el agua contaminada, los bosques talados, el aire tóxico y el suelo dañado. Sin luz solar, aire puro, suelo y agua, la raza humana no puede sobrevivir. Deberíamos celebrar el don del ambiente dador de vida y hacer lodo lo que esté a nuestro alcance para restaurarlo y protegerlo.
Quien se preocupa por la salud protegerá el ambiente, porque sabe que contribuye para vivir más saludablemente; pero, por desgra­cia, estamos rodeados de contaminadores Difícilmente podemos li­brarnos del humo del tabaco, de las emisiones de los automóviles, de los desechos industriales, del humo que producen nuestros pastizales que se queman, del petróleo, de los basureros y de los drenajes que de­sembocan en ríos y mares. Pero, por supuesto, ninguno de estos conta­minantes necesitan ser parte de nuestro ambiente Hay numerosas for­mas de manejarlos, Es importante recordar que las diferentes actitudes de la comunidad hacia la contaminación comienzan con el individuo mismo, Comienza con usted, querido lector, comienza conmigo.
Sin aire fresco, agua limpia, luz del sol, nuestra salud sufre. Y finalmente nuestra propia supervivencia se está viendo amenazada.
Beneficios de la luz del sol
Toda la vida sobre la tierra depende de la energía solar. Sin la luz del sol, la vida cesaría de existir, la luz solar está formada por muchos di­ferentes niveles de energía, transmitidos en la forma de ondas electro­magnéticas, los rayos del sol nos exponen a tres tipos de luz de dife­rente longitud de onda:
  • Luz invisible. La luz ultravioleta proporciona la  mayor parte de los efectos biológicos para nuestra salud, tanto positivos como negativos (el 5 por ciento de la radiación solar). La luz infrarroja proporciona calor (el 54 por ciento de las emisiones solares).
  • Luz visible. (El 40% de la radiación solar).
  • Rayos cósmicos de onda corta, rayos gama, rayos X, ondas largas de radio y ondas electromagnéticas constituyen el resto’.
En cantidades apropiadas, la luz del sol es benéfica para el ser humano, pero si en demasía nos pone en peligro de sufrir cáncer de la piel. Sin embargo, las plantas no pueden vivir sin la luz solar, porque requieren de ella para formar carbohidratos.
  1. La luz del sol ayuda a mantener la temperatura existente en nuestro planeta. De esta manera sostiene tanto la vida vegetal como la animal, siendo un ingrediente vital para nuestro ambiente.
  2. Las plantas requieren luz solar para la fotosíntesis, que es el sistema para transformar el dióxido de carbono y el agua en oxígeno, for­mando sustancias orgánicas como las vitaminas, las proteínas, los carbohidratos, las grasas, y la fibra
  3. La luz del sol produce la vitamina D, convirtiendo los derivados del colesterol de la piel en vitamina Di, la cual es absorbida en la co­rriente sanguínea.
    La versión sintética de la vitamina D proviene de la irradiación de aceites vegetales con luz ultravioleta”, la luz solar ayuda en la cons­trucción y reparación de los huesos, incrementando el nivel de vita­mina D en el cuerpo Y a través de la exposición a la luz solar se iti crementa la absorción del calcio por el cuerpo, ayudando así a pre­venir el raquitismo y la osteomalacia